Tarde soleada en casa

Tarde de septiembre, tarde de trabajo y de cosas en la cabeza. En la pequeña huerta a la que da mi ventana se despereza un árbol por la suave brisa, acompañado de un sol que juega al escondite. En las alturas dos torres vigilan la hierba que crece frondosa en el parque.
Mi interior es suave y aterciopelado aunque de vez en cuando se interponga alguna molestia tecnológica, fruto sin duda de nuestra creada necesidad. La música fluye desde la más aterciopelada melodía hasta el cántico más raudo. Un salto atrás en el tiempo, como si de una vivencia creada por ordenador se trata, y un esfuerzo casi siempre errático por impedir que mi cuerpo se hinche como un globo.
1, 2 y 3. Mullido lugar para romper parte del esqueleto, sino entero desde el cúbito al “palomo” sobre la rugosa silla giratoria que me acompaña. Mis grupos ópticos parecen resistir cuantas batallas se les echen encima, desluciendo una visión fugaz y anodina de lo que pretendía ser y todavía no es. Otro salto en el tiempo, con parte de la “lucha” del día cumplida, hacia un rincón de mi pasillo.
Raudo y veloz me acompaña mi amiga fotógrafa, despiadada cuando se trata de sombras y frondosa cuando se trata de luz. Peluches del pasado con significado de presente se asientan sobre el temperado suelo de símil-mármol queriendo saludar al objetivo sin conseguirla. Un rayo de sol de tarde comienza a entrar desde el fondo de una habitación, invitándome a reflejar simplemente eso…el reflejo.
Sigo luchando, escribiendo palabras de consuelo, aceptación y disimulo, cuando se trata de poner orden a los asuntos de vida. Un paseo taciturno en solitario es más que suficiente para asaltar en la cabeza recuerdos del pasado, corazón imperecedero pero no aquí, sonrisas del ayer y llantos que quedaron atrás.
Ahora ya no es el momento, otros vendrán y caminarán sobre mi ahora sudada piel. La luz de la noche acaba convirtiéndose en mi aliado “bronceador”, aunque las apariencias como en muchos casos son engañosas. Agua caliente me espera tras otra puerta, en la que un tenue vapor se encargará de permitir un debajo de espejo. Lo anhelado suele terminar secándose…


No hay suspiro sin el suspiro de encontrar las palabras para definirlo. Casualidad o realidad, siempre tal y como es. Shaki